Gestesia

Si al mirar hacia atrás te arrepientes, probablemente fue Miedo.

El miedo no sólo se viste de amenaza, por prudencia, responsabilidad, poder equivocarte puede hacer que dejes de actuar y llega un día que te arrepientes de no hebe hecho algo o haber renunciado.

Si al mirar hacia atrás te arrepientes, fue Miedo.

Un día mirarás atrás…

Un día mirarás atrás y te darás cuenta de que muchas de las cosas que tanto temías nunca llegaron a suceder. Descubrirás que pasaste demasiado tiempo esperando el momento adecuado, las condiciones perfectas o la garantía de que nada saldría mal y comprenderás que, mientras aguardabas, la vida seguía avanzando.

El miedo tiene una extraña habilidad: no siempre nos detiene con grandes amenazas. A veces se presenta disfrazado de prudencia, de responsabilidad o incluso de sentido común. 

Nos susurra que aún no estamos preparados, que podríamos equivocarnos, que quizás no somos lo suficientemente capaces y poco a poco, nos convence de que permanecer inmóviles es más seguro que dar un paso hacia lo desconocido.

Pero el precio de esa seguridad suele ser demasiado alto.

Por miedo dejamos conversaciones pendientes, aplazamos proyectos que nos ilusionan y renunciamos a oportunidades que podrían transformar nuestra vida. El miedo nos hace vivir en escenarios imaginarios y nos impide habitar el único lugar donde las cosas realmente ocurren: el presente.

Lo paradójico es que el miedo no desaparece esperando. No se desvanece con el paso del tiempo, sino con la experiencia. Es el movimiento el que le resta poder. Es atrevernos a hablar, a equivocarnos, a volver a intentarlo y a descubrir que somos más capaces de lo que creíamos.

Muchas personas no se arrepienten tanto de sus errores como de sus renuncias. No les duele tanto haber fracasado alguna vez, sino haber permitido que el temor decidiera por ellas. 

Porque las heridas cicatrizan, las caídas enseñan, pero las oportunidades que nunca se intentaron dejan preguntas difíciles de responder.

Un día mirarás atrás y entenderás que no necesitabas tenerlo todo claro para empezar. Que la confianza no aparece antes de actuar, sino después de haber dado algunos pasos y quizás sonrías al recordar todos aquellos monstruos que tu mente inventó y que nunca existieron fuera de ella.

Ojalá, cuando llegue ese día, puedas decir que el miedo estuvo presente, pero que no fue quien escribió tu historia. 

Porque el valor no consiste en no sentir miedo. 

Consiste en no permitir que sea él quien decida cómo quieres vivir.

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