Gestesia

Un cuento para comprender que el Amor habla de muchos lenguajes

Los cinco lenguajes del amor nos habla de cómo cada persona entiende y demuestra el amor. A veces no nos sentimos amados porque simplemente no hablamos el lenguaje del amor de la otra persona.

Un cuento para comprender que el Amor habla muchos lenguajes.

“El Jardín de los Dos Ríos”

 

Lejos de la civilización, en un lugar donde apenas llegaban personas, dos ríos que nacían del mismo monte, pero corrían en direcciones distintas.


Uno, el Río Sol, era cálido, hablador y luminoso. Su corriente danzaba sobre las piedras con una música alegre que llenaba el valle de vida.

El otro, el Río Sombra, era silencioso, profundo y sereno; su agua parecía guardar secretos y hablaba poco, pero cuando lo hacía, lo hacía con una voz que hacía eco en el alma.


Ambos se encontraban cada atardecer en una curva del bosque, donde el Sol y la Sombra se tocaban por un momento.

Ahí compartían su día:

—Hoy hice florecer un campo de amapolas —decía el Río Sol, orgulloso.

—Hoy calmé la sed de un ciervo cansado —respondía el Río Sombra, con una sonrisa quieta.

 

Pero con el tiempo, algo comenzó a separarlos.

El Río Sol no entendía por qué el Río Sombra no cantaba con él, ni brillaba cuando llegaba el sol.

El Río Sombra, en cambio, no comprendía por qué el Río Sol necesitaba tanto ruido y movimiento para sentirse vivo.

 

Una tarde, discutieron.

—No me escuchas nunca —dijo el Río Sol, furioso—. Yo te hablo con toda mi luz, y tú ni te inmutas.

—Y tú no me sientes —susurró el Río Sombra—. Yo te hablo en silencio, con profundidad, y tú pasas de largo.

 

Y así dejaron de encontrarse.

Cada uno siguió su curso, creyendo que el otro no lo amaba.

 

Pasaron las estaciones, y una gran sequía cubrió el valle.

El Río Sol se fue apagando, hasta quedar solo un hilo de agua.

El Río Sombra, más oculto, también comenzó a secarse por dentro.

 

Hasta que un día, sin saber cómo, sus corrientes volvieron a cruzarse bajo tierra.

Y allí, en la oscuridad, se reconocieron.

No había luz, ni sonido, solo el roce suave del agua.

Y entendieron.

 

El Río Sol descubrió que el silencio del Río Sombra también era amor.

Y el Río Sombra comprendió que la alegría del Río Sol también era ternura.

 

Desde entonces, aprendieron a encontrarse a medias:

Uno brillaba un poco menos, el otro hablaba un poco más.

Y el valle volvió a florecer, no porque el sol fuera más fuerte, ni porque la sombra fuera más honda…

sino porque habían aprendido a escucharse en el lenguaje del otro.


¿Cómo demuestran los demás que te quieren? 


En muchas ocasiones el hablar “lenguajes”  de amor diferentes puede hacer que amigos, hijos, parejas, compañeros… puedan no entender que les queremos, que les escuchamos, que les atendemos… para muestra, un botón.


QUIZÁS NO ES FALTA DE AMOR... SINO DE DIFERENCIA DE LENGUAJE



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