Gestesia

No te afecta lo que pasa, sino lo que piensas acerca de lo que pasa.

Vigilar la forma de pensar la realidad es el primer paso para sentir de la manera correcta, porque no es lo que pasa lo que nos hace sufrir, sino lo que nos decimos respecto a aquello que pasa.

No te afecta lo que pasa, sino lo que piensas acerca de lo que pasa.

Lo sentimental en el trabajo.

 

Existe una creencia muy extendida:  Siento luego pienso


Es decir, creemos que primero sentimos y después pensamos: algo nos hace sentir de una determinada manera y entonces aparecen los pensamientos.

En la mayoría de los casos, el orden es justo al revés.

 

En el entorno laboral muchas personas dicen: 

“Yo es que soy muy sentimental y me afectan mucho las cosas del trabajo”. 

Pero si observamos bien, veremos que no nos afecta el trabajo en sí, sino lo que pensamos sobre lo que ocurre en el trabajo.

 

No es lo mismo que tu jefe te diga: “Esto hay que corregirlo” y tú pienses:

·      “No valgo para esto”

·      “Siempre lo hago mal”

·      “No confía en mí”

 

A que pienses:

·      “Quiere que el trabajo salga mejor”

·      “Me está dando información”

·      “Esto es parte del proceso de aprender”

 

La situación es la misma, las palabras pueden ser exactamente las mismas, pero lo que sientes es completamente distinto dependiendo de lo que decides pensar.

 

Por eso, muchas veces el sufrimiento en el trabajo no viene del trabajo, viene de la interpretación constante que hacemos de aquello que ocurre en el trabajo. 

Creer que te juzgan, que no te valoran, que te quieren echar, que otros tienen algo en tu contra, que no eres suficientes… Y claro, con esos pensamientos, es normal sentirse mal.

 

El problema es que como no somos conscientes de esos pensamientos, no te paras a observar de qué manera te hablas, parece que el sentimiento lo provoque directamente la realidad, esa realidad en forma de jefe, compañeros, clientes,  empresa. 

 

Déjame decirte que en realidad,

entre lo que pasa y lo que sentimos, siempre hay un pensamiento.

 

Cuando una persona entiende esto, deja de tomarse tantas cosas como algo personal y empieza a preguntarse:

 

·      “¿Qué estoy pensando para sentirme así?”

·      “¿Esto que pienso es un hecho o es una interpretación?”

·      “¿Hay otra manera de interpretar esto?”

 

Es en ese momento cuando deja de ser una persona que reacciona emocionalmente a todo lo que pasa y empieza a ser una persona que responde con más calma, más cabeza y menos desgaste emocional.

 

No se trata de volverse frío.

Se trata de entender que lo que sentimos en el trabajo, en nuestra vida diaria, no depende sólo de lo que pasa fuera, sino mayormente, de lo que pasa dentro: de cómo interpretamos, de cómo pensamos y de lo que nos contamos a nosotros mismos, de lo que decidimos creernos sobre lo que pensamos.

 

Y cuando cambia lo que te cuentas, cambia lo que sientes. Y cuando cambia lo que sientes, cambia también cómo trabajas, cómo te relacionas y cómo vives tu trabajo.

 

Porque nuestra mente no distingue entre lo que es verdad o no, absolutamente a todo aquello que pasa por nuestra cabeza le da categoría de verdad. 

Así que ten cuidado con lo que piensas, ten cuidado con lo que te dices, ten cuidado con cómo interpretas lo que pasa, porque estarás decidiendo hacerte sufrir a ti mismo. 

 

 

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No te afecta lo que pasa, sino lo que piensas acerca de lo que pasa.

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